miércoles, 28 de febrero de 2018

Pequeños símbolos, casi inadvertidos, del franquismo en Jerez.


No cabe duda de que el franquismo machacó la voluntad, el espíritu, la cultura y la sensibilidad colectiva durante 40 grises años de obediencia, autoritarismo, ortodoxia religiosa, etc. Los objetivos, como en la novela de Orwell 1984, eran entre otros la consolidación del régimen y el ensalzamiento del caudillo (el führer español) hasta el mayor grado de paroxismo posible. Y esto se hizo también en Jerez de mil pequeñas, pero insistentes, maneras de adoctrinamiento orwelliano:


Y no nos referimos solamente a las mil y una condecoraciones, distinciones, honores, reconocimientos a todas y cada una delas autoridades del régimen (por ejemplo esta distinción a Fraga en abril de 1970), etc., sino también a pequeñísimos detalles, casi imperceptibles, como este  que no se aprecia en la imagen anterior pero que iba, siempre con fines políticos, dirigido subliminalmente al inconsciente colectivo:


Coronando el Gallo Azul, es decir, coronando simbólicamente la vida de la ciudad, el edificio más emblemático de la popular calle Larga (que el régimen bautizó de nuevo como calle José Antonio), el nombre de FRANCO (en letra mayúscula) como se hace, con las cruces, para rematar las iglesias. Un detalle imperceptible con que los antecesores del Diario de Jerez mostraron pleitesía al führer y que todavía algún compañero nuestro recordaba y que hemos podido rescatar en esta imagen aquí ampliada.

Y no solamente eso. Además, nos hemos dado cuenta no hace mucho de otros igualmente pequeños detalles como los escudos franquistas que adornan unos retablos cerámicos que están en los costados de la ermita de la Yedra., en la Puerta del Sol. Estas composiciones de azulejos de colores tienen a sus lados unos azulejos pequeñitos, ovalados, donde aparece el escudo del régimen franquista:



Es sabido (véase el ABC de Sevilla de 20/12/1966) que el azulejo dedicado a Nuestra Señora de la Esperanza se inauguró en diciembre de 1966:



Cuanta patológica obsesión por parte del franquismo en llenar cada esquina de nuestra ciudad, y de nuestra mente, con la simbología de la muerte o con símbolos propios de Jerez que el franquismo quiso apropiarse en su oscuro beneficio.


(Franco, Miguel Primo de Rivera y Álvaro Domecq inaugurando el monumento al caballo en Jerez en el año 1970)




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