martes, 1 de agosto de 2017

En recuerdo de Francisco Retamero Rodríguez (PSOE y UGT).


En recuerdo del primer fusilado de la Guerra Civil. La hija del concejal Francisco Retamero habla del fusilamiento de su padre .

Los descendientes de Francisco Retamero en la calle que le han dedicado en la urbanización La Marquesa al concejal socialista fusilado en 1936-


PILAR NIETO (Diario de Jerez, 15/05/2005)

Francisco Retamero Rodríguez, funcionario de los juzgados de Jerez, afiliado al PSOE y a la UGT y concejal en el último Ayuntamiento de la República que tuvo esta ciudad fue la primera persona a la que fusilaron aquí, en el Pozo de la Víbora, junto a Francisco Guerra Tenorio, que tenía un periódico llamado 'Ráfaga', y a 'Torongonguito, conocido cabecilla anarquista de La Barca. 

Los hechos ocurrieron el 10 de agosto de 1936, pero los recuerdos lógicamente continúan vivos en sus familiares. Pero no sólo los recuerdos. María Retamero Fernández, la segunda de los seis hijos de este concejal conserva todavía la cartera que le devolvieron a la viuda tras el fusilamiento con las fotos de sus hijos y toda su documentación, una cartera en la que también guarda las fotografías que tenía allí su padre y documentos como la cédula personal de Diputación. 

Todo esto le sirve como hilo argumental para comenzar la narración de la tragedia que vivió cuando era una niña de trece años. Ahora está a punto de cumplir los 82. 

También conserva la sentencia de un juicio celebrado en la Audiencia Territorial de Sevilla con el que se le quería dar 'legitimidad' a este fusilamiento pero que lo culpaba únicamente de "delito de responsabilidad política menos grave" por el que le ponían una multa de cien pesetas. Demasiado tarde. 

Francisco Retamero Rodríguez era responsable en el Ayuntamiento de la delegación de higiene y se ocupaba, entre otros asuntos, de exigir unas condiciones más dignas en aquellas casas de vecinos de la época, motivo por el que, según su hija, "se ganó la antipatía de muchos de los propietarios de esas casas". También cuenta que "rechazaba cualquier tipo de propina o regalo, y mi madre decía: este hombre, con el talento que tiene y todo el dinero que podría ganar". 
c/ Francisco Retamero

En una época en la que los niños trataban a sus padres de usted, los hijos de Francisco Retamero lo tuteaban, "y tampoco nos pegó nunca -dice su hija-. Tan sólo con una mirada nos lo decía todo". 

Este funcionario vivía con su familia en la calle Ídolos número 20, pero en 1933 se trasladaron a una casa-escuela de la calle del Sol, ya que una hermana de Retamero era maestra y se la habían adjudicado, así que se fueron con ella y las dos abuelas. 

Del 18 de julio del 36 explica que "primero entraron unos jóvenes falangistas en el Ayuntamiento pero los pudieron echar. Se quedó el alcalde, Antonio Oliver, con dos o tres tenientes de alcalde, y mi padre se fue para ocuparse de las cosas del sindicato, pero la movilización era imposible, porque no había armas ni nada". 

Viendo el mal cariz que tomaba todo, Francisco Retamero se refugió entre sus antiguos vecinos de la calle Ídolos "esperando la revolución", pero según su hija María, "una vecina del entorno lo vio, y como su hijo estaba implicado en la quema de iglesias, delató a mi padre y otros dos más del barrio para salvarlo". 

No sabe exactamente el día que lo prendieron, pero sí que "lo llevaron a la sede de Falange que estaba en la calle Consistorio, y el día antes de su fusilamiento ya le dijeron que lo iban a matar. Mi madre iba a verlo todos los días, y claro, lo notaba cada vez más nervioso. Le quitaron la ropa que llevaba y le pusieron un mono con unas alpargatas. El día de su muerte mi madre fue a verlo y todos los falangistas salieron a verla por curiosidad, porque ya lo habían fusilado, pero sólo le dijeron que lo habían trasladado y le dieron la cartera y la ropa interior. De la que él llevaba puesta nunca más se supo, ni de una estilográfica de oro grabada con su nombre". 

Josefa Fernández Soto, la viuda, se marcha para su casa sin saber nada, "pero una señora de la calle San Dionisio -explica María Retamero- se entera del fusilamiento porque era querida de un señorito y le dice a mi tía: Rosita, vete a casa que yo te diré donde lo han llevado, sin decirle que ya lo habían fusilado, pero al rato fue a casa y ya lo contó". 

María Retamero recuerda perfectamente ese momento porque ya tenía trece años. "Yo estaba arriba -cuenta- y mi hermano Luis me cogió de la mano y me dijo: Han matado a papá, han matado a papá. Yo veía a mi madre y a mi tía desesperadas, y mi abuela, que oyó desde arriba los gritos, bajó dando culazos diciendo: Qué le han hecho a mi hijo, qué le han hecho a mi hijo. Eso no se olvida en la vida". 

El 90% de la Corporación municipal, que presidía Antonio Oliver fue fusilada, pero este concejal fue el primero. Al alcalde lo mataron el 24 de agosto. 

A partir de ese momento, María Retamero asegura que "todos nos dieron la espalda porque había terror, y ayudarnos era significarse". Aún así, dice que no guarda rencor ni por aquellas personas y ni siquiera por los asesinos, "porque ya no tiene sentido después de tantos años". 

Recuerda detalles como "mi madre lavando la ropa que le habían devuelto de mi padre pero oliéndola antes y llorando, sin querer meterla en el agua porque le daba pena". 


Fco. Retamero: el segundo de la fila de arriba a la izquierda 


Lógicamente, la situación económica fue a partir de ese momento muy precaria, "porque con el sueldo de profesora de mi tía Rosa teníamos que comer diez personas: Los seis hermanos, mi madre, las dos abuelas y ella. Entonces mi madre decidió trabajar y encontró un empleo en González Byass, lavando botellas en un descampado con un techo. Como consecuencia de estas condiciones cogió una fibrosis pulmonar que padeció hasta que murió en 1970, con 75 años. Mi padre murió con 42". 

María Retamero continuó sus estudios en el instituto que había en la Alameda de Cristina hasta los 16 años en que tuvo que dejarlo para trabajar en la oficina de Rivelott, una fábrica de precintos situada en la calle Jardinillos". 

El cadáver de Francisco Retamero acabó en la fosa común del antiguo cementerio de Santo Domingo, y ahora que tanto se habla de memoria histórica y que se sacan a la luz los restos de los fusilados, María Retamero considera que "lo importante es que se sepa la verdad, no enterrar ni desenterrar, porque al fin y al cabo todos somos tierra, polvo. Lo importante es que no se ignore la Historia". 

Tampoco le da la menor importancia a las polémicas por la eliminación o no de monumentos o elementos relacionados con la dictadura. En el caso por ejemplo de las manifestaciones realizadas por determinados grupos que no quieren que se vuelva a colocar la estatua del general Miguel Primo de Rivera en la plaza del Arenal asegura sin tapujos que "yo no soy partidaria de que la quiten. Desde el año 70 hasta el 77 he vivido en Francia, un país donde puedes ver un monumento a Robespierre al lado de otro a Luis XIV. Allí hay un respeto tremendo a la historia. es un pueblo que conoce su historia. Políticamente el monumento no significa nada ni expresa nada. Lo importante es que el pueblo conozca la historia, la verdad". 

Francisco Retamero tiene ahora una calle con su nombre en la urbanización La Marquesa, aunque su familia se quedó sin la casa que estaba ya prácticamente finalizada en la barriada de España. Aún conservan los recibos de los pagos, puesto que Francisco Retamero era el socio número 2 de la cooperativa de UGT que promovió la barriada Pablo Iglesias. 

"Mi padre -cuenta María- le estuvo enseñando a su hijo mayor, Luis, la casa que iba a ser nuestra, pero luego vino la guerra, el Ayuntamiento se hizo cargo de las casas, se las dieron a quienes a ellos le parecieron y ya no se llamó barriada Pablo Iglesias, sino barriada España".

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